sábado, 22 de mayo de 2010

La celda



Es necesario permanecer lo más posible en la celda: Siempre que uno se aleja de ella para vagar por el exterior, al volver le parecerá algo nuevo y desabrido. Más aún, se encontrará como descentrado y lleno de turbación, como si empezara a habitarla. No podrá recobrar sin trabajo y dolor aquella aplicación de espíritu que había conseguido morando fielmente en su recinto, pues ha dado rienda suelta a la dispersión.

Juan Casiano (Collationes, 6,15)

miércoles, 14 de abril de 2010

ALEGRIA



La alegría de Cristo es entregarse sin medida. Es ganar únicamente por los demás hasta empobrecerse por ellos. Como fuente inagotable de comunión, reconciliación y de amor.
Pero el hombre de hoy, piensa que la alegría no es posible, sumergido en la angustia, la desesperación y la rebelión.

sábado, 10 de abril de 2010

de Nicéforo, el solitario




"En cuanto a ti, tal como
te lo he dicho, siéntate, concentra tu espíritu, introdúcelo —me refiero
a tu espíritu— en la nariz;
es el camino que toma la respiración para llegar al corazón.

Empújalo, oblígale a descender hasta tu corazón
al mismo tiempo que el aire aspirado. Cuando allí llegue, verás la alegría que seguirá; no tendrás nada que lamentar.

Tal como el hombre que al volver a su casa después de una ausencia no oculta su alegría de poder encontrar a su mujer y a sus hijos, así el espíritu, una vez unido al alma, desborda de alegría y de goces inefables.

Hermano mío, acostumbra pues a tu espíritu a no apresurarse a salir de allí. Al principio, le falta ánimo, es lo menos que podemos decir, para soportar esta reclusión y este estrechamiento interiores.

Pero una vez que haya contraído la costumbre, ya no experimentará placer alguno en los circuitos exteriores. Porque "el reino de Dios está en nuestro interior" y para aquel que dirige su mirada a éste, todo el mundo exterior se torna vil y despreciable." (Filocalia)

lunes, 15 de febrero de 2010

GRAN CUARESMA :TIEMPO DE PERDÓN




"Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus transgresiones, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras transgresiones" (Mateo 6:14–15) ¡Que simples y accesibles medios de salvación! Vuestras transgresiones son perdonadas bajo la condición de que perdonéis las transgresiones de vuestro prójimo contra ti. Esto significa que estáis en vuestras propias manos. Oblígate a ti mismo a pasar desde los sentimientos agitados hacia vuestro hermano a verdaderos sentimientos pacíficos y eso es todo. El día del perdón ¡que celestial y gran día de Dios es este! Si todos nosotros haríamos uso de el, como deberíamos, este día haría que las sociedades cristianas sean sociedades celestiales, y la tierra se uniría con el cielo.

Teófano el Recluso

viernes, 22 de enero de 2010

El viaje interior, un viaje de solitario




En un tal caminar, se avanza a mar abierto: un mar sin orillas que el ojo pueda distinguir. No hay huellas tras de si, no hay camino trazado por delante. Ningún puerto tranquilo para refugiarse, tampoco ancla para fijarse, las amarras se han roto. Se puede sentir el miedo del naufragio. Hay que superarlo, porque toda inquietud te vuelve esclavo. Solamente la libertad, la independencia, la confianza en la gracia provocan la transparencia: la opacidad desaparece y el agua se hace poco a poco translúcida. La descripción de los senderos recorridos por los demás anima. Uno se encuentra con que tiene compañeros de viaje, y poco importa la época en la cual han vivido. De todas maneras, ser retenido por ellos y por su experiencia impediría el seguir su propio camino. El viaje interior es aquel de un navegante solitario. Este se ha entrenado antes de comenzar su periplo aventurero; posee en su barco las rutas de navegación. Pero le es necesario hacer frente a situaciones imprevistas y prevenirse contra los peligros por un simple sentido común y una clara intuición.

Marie-Madeleine Davy

domingo, 3 de enero de 2010

Oración del corazón





"..esto me dio mayores fuerzas para ejercitarme en la oración a la cual iban todos mis pensamientos, y comencé a sentir una gran alegría. A partir de aquel momento, de vez en cuando sentía diversas sensaciones nuevas en el corazón y en el espíritu.

A veces era como una agitación en mi corazón y una agilidad, una libertad y un gozo tan grandes, que quedaba transformado y me veía en éxtasis. A veces, sentía muy ardiente amor a Jesucristo y a toda la divina creación. A veces las lágrimas corrían sin esfuerzo de mi parte como un reconocimiento al Señor, que había tenido compasión de mí, pecador empedernido.

A veces mi pobre y limitado espíritu se llenaba de tales luces, que comprendía con toda claridad cosas que antes yo no hubiera podido siquiera concebir. A veces el dulce calor de mi corazón se extendía por todo mi ser y empezaba a sentir con gran emoción la presencia del Señor.

Y a veces, en fin, sentía una intensa y profunda alegría al pronunciar el nombre de Jesucristo y comprendía el significado de sus palabras: El Reino de Dios está dentro de vosotros.

Relatos de un Peregrino Ruso

viernes, 1 de enero de 2010




"Entonces siéntate en una celda tranquila, aislado
en un rincón y dedícate a hacer esto que te digo:

Cierra la puerta, eleva tu espíritu por encima de todo objeto vano o pasajero. Luego,apoya tu barba contra el pecho, dirige el ojo del cuerpo conjuntamente con todo tu espíritu, al centro de tu vientre,es decir al ombligo, comprime la aspiración de aire que pasa por la nariz de modo de no respirar con facilidad y escruta mentalmente el interior de tus entrañas en búsqueda del sitio del corazón, al que todas las potencias del alma gustan visitar.

Al principio, encontrarás tinieblas y una opacidad obstinada, mas si perseveras, si día y noche practicas este ejercicio, encontrarás, ¡oh, maravilla! una felicidad sin límites."

Simeón, el nuevo teólogo.