viernes, 22 de enero de 2010

El viaje interior, un viaje de solitario




En un tal caminar, se avanza a mar abierto: un mar sin orillas que el ojo pueda distinguir. No hay huellas tras de si, no hay camino trazado por delante. Ningún puerto tranquilo para refugiarse, tampoco ancla para fijarse, las amarras se han roto. Se puede sentir el miedo del naufragio. Hay que superarlo, porque toda inquietud te vuelve esclavo. Solamente la libertad, la independencia, la confianza en la gracia provocan la transparencia: la opacidad desaparece y el agua se hace poco a poco translúcida. La descripción de los senderos recorridos por los demás anima. Uno se encuentra con que tiene compañeros de viaje, y poco importa la época en la cual han vivido. De todas maneras, ser retenido por ellos y por su experiencia impediría el seguir su propio camino. El viaje interior es aquel de un navegante solitario. Este se ha entrenado antes de comenzar su periplo aventurero; posee en su barco las rutas de navegación. Pero le es necesario hacer frente a situaciones imprevistas y prevenirse contra los peligros por un simple sentido común y una clara intuición.

Marie-Madeleine Davy

3 comentarios:

Samaritana dijo...

Gracias por la profunda reflexión, Hieromonje Macario. Ojalá todos podamos realizar el viaje interior!

Hno. Augusto - cfic - dijo...

El "viaje interior" es un don de Dios, una tierna invitación, una llamada a adentrarnos en aquella oscuridad del mar, donde la barca de nuestra vida se pierde en la inmensidad del amor...
Gracias por estas palabras...
Te comparto mi blog que es también un viaje a la interioridad:
http://www.augusto-poemascompartidos.blogspot.com
Muchas bendiciones

contemplativos dijo...

Interesante entrada, gracias por compartirla.
Estoy de acuerdo que este tipo de viajes son gracias especiales del Señor, destinadas a almas preparadas para las inclemencias de la navegación, cualquier navegante sucumbiria solo con intentarlo.
No es por azar el que Dios ordene a un alma emprender este tipo de viajes interiores, sino porque ve algo en ese alma, y ese algo es su fe, que lo hace digno de la atenciín divina.

Podéis visitar mi blog; blog del caminante en:

"Marta y María, contemplativos en el mundo"

http://contemplativosenelmundo.blogspot.com